ARTES Y LETRAS

Domingo 15 de Agosto de 1999

Tatiana Góricheva:
Una Loca de Dios

Las opiniones de esta escritora rusa pueden parecerle al lector páginas escogidas de Dostoievski. Pero eso no hace más que confirmar que algunas características de la religiosidad rusa permanecen intactas pasados los siglos. Al menos en algunos de sus hijos.
Por Olga Ulianova*

Tatiana Góricheva es todo un personaje dostoievskiano. Apasionada, impetuosa, impredecible, vive su vida de acuerdo a su fe y sus convicciones y no acepta la "normalidad" de la vida sumida en apariencias, consumismo e indiferencia. De no llegar a Chile con toda la aureola de destacada escritora y pensadora cristiana, lo más probable que una persona anónima con estas características sería rechazada por sus "rarezas" en esta sociedad.

Nacida y criada en Leningrado, hoy de nuevo San Petersburgo, se convirtió al cristianismo a los 26 años, aún en los tiempos soviéticos, encontrando en la fe un auténtico sentido de vida. Licenciada en filosofía, se volcó a los temas teológicos, desarrollando un pensamiento singular, basado en la reivindicación de la religiosidad popular rusa, representada por las experiencias místicas de los "Starets" (recordemos a Zosima de los "Hermanos Karamazov"), de los eternos peregrinos, de los "locos en Dios" que decían la verdad en la cara a los propios zares. Esta tradición mística rusa de "oración con el corazón" se entrelaza en su reflexión con el legado de la tradición pretomista de Máximo Confesor, con elementos de yoga e incluso de psicoanálisis.

Disidente en los tiempos soviéticos, cuando en la clandestinidad editaba una revista "cristiana feminista", tampoco encontró un lenguaje común con las nuevas autoridades de Rusia - las personas como ella incomodan a cualquier poder- y hoy nuevamente se encuentra en la oposición, tanto política como espiritual, esta vez al gobierno "comunista-capitalista" de Yeltsin. Vive entre Rusia y Europa, dedicada a sus escritos y a organizar campañas de ayuda a los cristianos rusos y a sus obras en apoyo a los sectores más desprotegidos ante las controvertidas reformas económicas rusas.

Sus primeros libros publicados en el Occidente "Hablar de Dios resulta peligroso", "Eterna búsqueda de felicidad", "Nadezhda significa Esperanza" y otros llegaron a ser conocidos en Chile aun en la década de los ochenta. En aquel entonces también fue entrevistada por primera vez por "Artes y Letras" desde París, causando esa entrevista un impacto profundo en la cultura cristiana chilena. Ahora, diez años después, llegó por primera vez a Chile, invitada por la Universidad Nacional Andrés Bello para participar en el ciclo de conferencias "Una mirada al alma", en el cual dio tres charlas.

Su discurso desconcertó y dejó perplejos a muchos. Lejos de ser un análisis académico y racional de la trayectoria de la iglesia rusa o de la teología ortodoxa, Tatiana estremeció al público con el testimonio de una conversión y la experiencia religiosa vivida esencialmente como una experiencia mística. Poco común en el Occidente, esta forma de vivir el cristianismo, es fundamental para la tradición ortodoxa rusa. Como tal, es uno de los elementos esenciales para comprender la evolución de las mentalidades en la sociedad rusa poscomunista.

Conversamos en el primer día de su estadía en Chile. La entrevista fue en ruso. En su país natal sigue siendo anónima y no reconocida por sus libros.

Los encuentros entre los rusos de distintas generaciones en el extranjero no son fáciles. Tengo cierto temor ante esta estrevista: por lo general, me cuesta entenderme con la gente perteneciente a nuestra iglesia ortodoxa actual, me asusta su intolerancia, me choca su propensión a supersticiones. Con Tatiana, en cambio, no pasa eso. Su discurso antimaterialista y anticonsumista, sus gustos literarios y estéticos, su desconcierto ante la realidad rusa actual la presentan como una representante, típica y atípica a la vez, de la generación soviética de los sesenta.

Retorno de los peregrinos

- Usted pertenece a la generación de los disidentes que se opusieron al sistema imperante en la URSS y su camino de disidencia, su alternativa fue el cristianismo, la ortodoxia, mientras que "el mal absoluto" como lo llama usted en sus libros, en contra del cual estaban luchando ustedes fue el "régimen comunista". ¿Qué significa hoy en Rusia ser un cristiano ortodoxo?

- No puedo decir que mi ortodoxia haya sido una reacción al comunismo. Mi ortodoxia ha sido ortodoxia y no una reacción, que siempre es viciosa por su carga negativa. Yo nunca fui enemiga de los comunistas, ellos me tenían por enemiga. Ahora llego a Rusia y veo que casi todo el mundo se hizo cristiano ortodoxo y eso no me gusta en absoluto. Hace 20 años nos reuníamos los cristianos ortodoxos clandestinos, editábamos la primera revista ortodoxa, eran personas absolutamente distintas, verdaderos mártires. Eran personas, a las que constantemente las arrestaban, las metían en siquiátricos, las que no tenían nada en lo material, sino sólo a Dios. Ahora veo que la ortodoxia se convierte a veces en una especie de religión chata, pequeño-burguesa y materialista... La ortodoxia se considera "decente": ir a la iglesia, bautizarse, celebrar con comilonas todas las fiestas de la Iglesia. Especialmente se ve el cambio en muchos monasterios rusos que hace diez años pedían mucha ayuda al Occidente. Hoy ya no piden nada, porque ya se levantaron, se convirtieron en una especie de empresas colectivas prósperas: todo el mundo trabaja en sus campos, los peregrinos también trabajan y los "nuevos ricos"... Qué sé yo quién les da dinero... A lo mejor no debo discutirlo ni condenarlo, pero es triste... porque cuando se produce la unión entre el poder y la fe, es una cosa realmente terrible... Por eso es terriblemente difícil ser cristiano ortodoxo hoy en Rusia.

- En los últimos años se puso "decente" ser cristianos ortodoxos no sólo entre la gente sencilla, sino incluso entre profesionales, científicos, intelectuales, gente que siempre en Rusia estaba preocupada por lo espiritual y no por lo material. ¿Tal vez esto podría ayudar a superar los problemas que usted menciona?

- En Rusia hay muchos cristianos con buenos niveles de educación. Pero de pronto esta educación desaparece, esta libertad interior desaparece... Muchas veces me encuentro en Rusia con las personas que efectivamente tienen dos o tres títulos universitarios, que se llenan de supersticiones, buscan signos satánicos, tratan únicamente temas como la llegada del anticristo, o que después de comulgar supuestamente no se pueden lavar los dientes o, en fin, que no se puede tener al perro dentro de la casa, etcétera. Yo creo que en estos casos se necesita derechamente un psicoanalista. Aquí no es posible ninguna crítica, hay que realizar un tratamiento de psicoanálisis. La educación no nos salva de un neurotismo absoluto.

- ¿Dónde estará, entonces, hoy en día la tradición espiritual ortodoxa, reivindicada por tantos grandes pensadores y escritores rusos?

- Eso se da en Rusia, pero por otro lado. Hay grandes devotos dedicados a la oración, entre el pueblo sencillo, entre nuestras humildes mujeres y abuelas. Seguramente los cristianos en Chile conocen "Relatos de un peregrino ruso". Hoy hay incontables peregrinos como esos que deambulan con su hachita y sus herramientas por toda Rusia. Han surgido muchos monasterios donde pueden ofrecer sus servicios, trabajan un tiempo, rezan y siguen su camino. A Rusia le es propio este desarraigo de lo material, de las cosas, este peregrinaje eterno, esta necesidad de libertad. Incluso había una secta llamada "beguny", "corredores". Hay también muchos "yurodivy" - locos en Espíritu Santo- que pueden andar invierno y verano descalzos, comer cualquier cosa o no comer nada y predicar. Al Occidente le falta eso, tal vez a Chile también. Somos muy racionales todos aquí, desconfiamos demasiado de la locura, mientras que en Rusia existe esta locura sagrada y por doquier.

- Estas expresiones de religiosidad aparecen como al margen de la iglesia ortodoxa institucionalizada. Para una persona externa podría aparecer que el clero ortodoxo actual volvió a ser el espejo de sus antepasados decimonónicos condenados por el "realismo crítico" literario...

- Aún hay grandes pastores. Por ejemplo, el padre Boris Nechiporov. Es un hombre de unos 50 años, sicólogo antes de su ordenación, que tenía todas las posibilidades de ser nombrado rector de la Universidad Ortodoxa en Moscú, pero que se negó y dijo que se iría a los lugares más terribles. Se fue al pueblo de Konakovo a 101 km de Moscú, zona donde se instalan a vivir los delincuentes, excarcelados que tienen prohibido acercarse más a las grandes ciudades. En ese pueblo nunca hubo una iglesia, donde prácticamente todos los padres están sin trabajo y en su mayoría son alcohólicos, donde la mayoría de sus hijos participan en sectas satánicas, se juntan en bandas, consumen drogas. El padre llegó solo allí, recorrió los sótanos donde se juntaban los chicos, sacó de ahí una enorme cantidad de niños. Hoy tiene unos 700. Organizó actividades para ellos, buscó profesores. Fue una lucha muy larga. Consiguió local para la iglesia, venciendo resistencia férrea de los burócratas corruptos. Me invitó en una oportunidad a hablar para esos niños, también invitó a Solzhenitsyn. Fue impresionante lo que hizo con esos chicos. Y fue ese hombre, el padre Boris Nechiporov, quien cambió todo. Es un pequeño ejemplo de lo que pasa hoy en Rusia.

- ¿Cuál de estas dos tendencias es la que predomina en la ortodoxia en la Rusia actual?

- La ortodoxia puede ser una y otra cosa a la vez, pero sin ortodoxia Rusia no puede existir. Toda nuestra humanidad y nuestra impetuosidad, todo eso viene de la ortodoxia.

- ¿Qué es lo que da la ortodoxia al ser humano? ¿Cómo puede ayudar a Rusia a superar esta situación tan dramática y negativa?

- La ortodoxia en primer lugar es el amor. Cuando uno ve a los "starets" santos en Rusia, se da cuenta de que ellos son el amor infinito, el cariño infinito, la preocupación incluso por los problemas más mínimos de la gente. Para ellos no hay cosas menores. ¿Por qué andas tan poco abrigado? ¿Dónde estás alojando? Son todo corazón. Corazón preocupado, inquieto. Este amor es lo que Rusia necesita tanto hoy.

- La liturgia es de enorme importancia en la tradición ortodoxa, pero para una persona formada en la cultura occidental puede resultar ininteligible. Es larga, se da en un idioma que nadie entiende y cada uno de los asistentes hace lo suyo en su transcurso: salen, entran, mucha gente se queda afuera, ponen velas, rezan ante los íconos, mientras que los sacerdotes realizan el sacramento separados del público, sólos en el altar. ¿Cuál es la clave para comprender la liturgia ortodoxa?

- Es la liturgia cósmica. Todo el mundo es liturgia. No es casual que nuestras iglesias fueron construidas en los lugares más hermosos. Los monasterios siempre se situaban entre los bosques, lejos de las ciudades; siempre tenían un lago cerca, un manantial. Todos los componentes, todos los elementos cósmicos participaban de esa liturgia cósmica. Los pájaros cantaban glorificando a Dios, como en el evangelio. Las flores silvestres se alegraban. La liturgia no es un acto de conocimiento racional; la liturgia se vive, se siente. Por eso uno puede salir o entrar cuando quiera, no importa. Puede estar rezando las 24 horas seguidas y eso será liturgia; puede sentir a Dios por cinco minutos y estos minutos darán sentido a un año de vida. Los sacerdotes realizan la representación simbólica de todas las personas que rezan, no son en absoluto superiores al resto de los creyentes. Todo eso desapareció en el Occidente; en el catolicismo también se impuso el racionalismo, luego vino el protestantismo con su individualismo, etcétera, mientras que entre nosotros ese cosmos no ha sido perdido. Y esto es muy importante para nuestro tiempo - que es un tiempo ecológico- para superar el dualismo entre el cuerpo y el alma. Porque el mundo occidental vive en el dualismo: Cogito ergo sum. Hay substancia extendida - la materia- y hay substancia no extendida - intelectual- . La extendida es mala y el intelecto es bueno. Eso es terrible. En nuestra tradición no es así, porque tanto la materia es dada por Dios como la razón también lo es. El alma y el cuerpo se compenetran mutuamente. No existe el dualismo en el cristianis-
mo. Dios se hizo hombre, de todas maneras. Se dio una especie de encarnación. Esto es muy importante. Eso es lo que la ortodoxia puede dar al occidente: la ausencia del dualismo. ¿Por qué tenemos tantas sanaciones ahora? Porque la gente cree que si se zambulle en esa agua uno se sana, porque se sana el espíritu. Y así sucede. Se abren los manantiales. Por ejemplo, cuando se trasladó de un lugar a otro el ícono de San Serafín de Sarov, inmediatamente se abrió un nuevo manantial. La misma tierra responde, lo que en Occidente hace tiempo que no ocurre...

Necesidad del horror

- ¿De dónde viene tanta capacidad de creer en la gente? Pues, para que estas sanaciones puedan darse, se necesita en primer lugar la fe de las personas...

- Esta fe tiene muchas raíces. En primer lugar, es el propio Señor el que nos da esta fe, porque es un gran regalo de Dios y además allí estamos todos juntos. Hay veneración auténtica en Rusia, no hay ese espíritu de criticismo como en el Occidente, donde todo se discute, todo se verbaliza, se critica. Allí, en Rusia el hombre aún tiene el temor de Dios. Cuando uno llega a los mejores monasterios rusos, siente un pavor.

- ¿?

- Sí, un pavor. Se siente que si se infringe alguna norma allí, inmediatamente vendrá el castigo. Este es el pavor ante Dios. Incluso yo, una persona muy desenfrenada y anarquista por naturaleza, de repente siento que debo permanecer en obediencia absoluta ante Dios. Lo siento de repente y sé que si no lo hago, me pierdo. Es muy fuerte esta veneración allí. En la Iglesia occidental esta destruida. Entre nosotros no y puede incluso ir acompañada en Rusia de una serie de supersticiones; hay gente que cree que debe, por ejemplo, escupir a alguna parte tres veces o escribir no sé qué notita u otras tonterías. Pero yo creo que mejor las tonterías a ese relajamiento de decir: ¡Ah, Jesús, eres mi amigo! De darle palmadas en el hombro a Jesús. Así desaparece por completo la trascendencia, el misterio. Ese Dios no te podrá dar nada. Puedes seguir tratando con ese Jesús inventado. Da risa cuando las sectas norteamericanas tratan de inculcarnos esto...

- ¿Es necesario este miedo, este pavor? ¿Qué es lo que da?

- Por supuesto, Dios es amor y nada más, pero nosotros vivimos con nuestra esencia, nuestra usía, que es horror, que es pavor. Cada ser humano vive con su pavor. Este pavor está dentro de nosotros y, de acuerdo con la tradición ortodoxa, ese pavor debe ser hipostaseado a través de la liturgia. El horror se personifica, convertimos nuestra usía en el llanto fúnebre que se convierte en el canto de aleluya. El horror en nuestro interior existe siempre, puede ser el horror ante la muerte. Es terrible cuando se muere alguien cercano. La hipóstasis de este pavor está en el Señor. Como Dios es amor, nos saca de este abismo. Un abismo llama al otro abismo. El Señor no nos lleva al horror, sino que nos saca del horror en el cual estamos viviendo todos. Toda la gente, casi toda la gente vive en pesadillas. Si el ser humano no vive, aunque sea una vez en la vida, en el horror, no es un ser humano, es un simple autómata. ¿Cómo el Señor nos puede sacar de ese horror? Creo que una persona creyente debe pasar a través del riesgo de conocimiento, del riesgo de amor. Igual es riesgo... y es camino. Si uno no tiene un camino, no es persona, sólo se arrastra como hormiga. Pero Dios quiere que tengamos nuestro camino, que nos realicemos. Para esto es necesario sacar nuestros horrores. Están en el subconsciente, son capas y capas. Todo lo llevamos adentro: el horror del sapo, el horror del dinosaurio, el horror del bloqueo (Tatiana se refiere al bloqueo de Leningrado por las tropas nazis durante la Segunda Guerra Mundial, cuando de hambre y bombardeos murieron dos millones de personas en su ciudad). Todos los horrores de nuestra historia están allí, en nuestro interior. Sin hablar de que vivimos en una época de catástrofes. Todo esto queda marcado en nuestro subconsciente y tenemos que sacarlo a la luz, elevarlo hasta la hipóstasis, para poder ser personas... Por eso todas las sectas primitivas occidentales que dicen "no tengas miedo de nada, Dios te ama" no responden a esos niveles. ¿Cómo te ama Dios? ¿Cómo pueden ayudar si una persona viene con su depresión, con su horror? ¿Le van a decir: "no te preocupes, Dios te ama", y van a comprarse algo? A mí, eso me parece una vulgaridad, una tontera e incluso un crimen. Los juicios de Tatiana son categóricos y su visión de la realidad actual rusa es apocalíptica. Fuera de los ejemplos de la santidad mística del mundo de los "starets", todo el resto es pintado sólo con el color negro. Escuchándola, no puedo sino acordarme de tantas personas de su generación con las que he conversado en mis últimos viajes a Moscú: sin haber sido opositores activos al régimen anterior, y habiendo perdido mucho desde el punto de vista material y de posición social con los cambios ocurridos, consideran que espacios de libertad personal obtenidos y la liberación de las mentes valen mucho más que las penurias que tienen que pasar. Por ningún motivo aceptarían volver atrás. Tanto más estremecen las palabras de Tatiana, llenas de amargura, acerca de que preferiría pasar toda la vida en la cárcel "para que la gente en Rusia volviera a vivir como antes". De ahí su admiración por la figura de Raskolnikov de "Crimen y Castigo", quien obtiene su libertad en la cárcel. Paradójicamente, en este deseo de que "la gente volviera a vivir como antes", hoy se une con sus antiguos carceleros. Tal vez proviene en ella de la predisposición insatisfecha de vivir la vida como un martirio, tan propia en su tiempo de la "intelligentsia" revolucionaria rusa. Pero temo que también sea el desconcierto ante el no saber cómo administrar la libertad personal, aquella que Tatiana denomina la "libertad externa", y que Rusia no ha conocido en su historia.

Conversando en ruso, de repente Tatiana estalla: "Yo odio el capitalismo, odio el dinero". Y continúa: "Odio mis libros, porque la gente que los lee y que me quiere en Occidente son todos unos burgueses acomodados, son lo más lejano que hay del espíritu, son ricos". Soltando las tensiones con una que otra copa del vino chileno, se pone a cantar las canciones revolucionarias rusas, aquellas que en los tiempos de su juventud le parecerían símbolo del odiado sistema.

Pensando en su regreso a Rusia, hace planes de viajar al interior de su profunda provincia para perderse entre su pueblo sencillo, que es el único que mantiene la espiritualidad verdadera y auténtica manifestada en sus "starets", sus peregrinos, sus locos "yurodivi". Inmediatamente me viene a la mente el discurso de la "intelligentsia" decimonónica rusa, para la cual el pueblo sencillo era el único que poseía el verdadero y auténtico espíritu revolucionario y socialista, manifestado en su tradición comunitaria. Ahora el pueblo es el portador de la fe. ¿Estaremos en presencia de la nueva edición del populismo ruso?

*Olga Ulianova es historiadora del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago. Extracto.


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